Un relato ambientado en la cultura de Los Pastos

Introducción


Los ciclos que mueven la vida de las personas están dentro de otros que trasforman civilizaciones enteras. Con el seudónimo Quinde, la autora de este original relato nos lleva mediante una historia de amor, a caballo entre el presente actual y un tiempo pasado alrededor del año 1.000 de nuestra era en la cultura de Los Pastos. Este pueblo ocupó los territorios del norte del actual Ecuador y el sur de lo que es ahora Colombia. El relato une así el final y el origen de dicha cultura en un ciclo que no tiene fin...

En el siglo XVI con la llegada de los conquistadores, estas tierra fueron anexionadas al domino español, llegando esta cultura a perder su lengua original. Tenían costumbres que ahora nos resultarían crueles como enterrar a sus muertos en tumbas de mucha profundidad con sus posesiones terrenales y sus sirvientes vivos.

Conocedores de las técnicas de orfebrería trabajada en oro y el dominio de la cerámica, dejaron un legado que en parte aún se conserva en el museo del Oro de Bogotá.

La autora, natural de la cuidad de Pasto (Colombia) y Licenciada en Lenguas Modernas, redactó este relato a modo de epílogo para su tesis "El sentido de la muerte para los pastos prehispánicos" para la obtención del título de grado en Etnoliteratura (año 2011).

Mi agradecimiento a Quinde por hacernos participes de su bello relato.


Carlos



Nuestra historia se desarrolla en el altiplano de Ipiales cercano a la actual ciudad de Pasto en Colombia; del final de un ciclo a sus orígenes...




El Relato


EL FINAL ES EN DONDE PARTÍ…




Y adonde voy, siempre voy a buscar lo que es mio

aunque el planeta termine en un círculo y el final es en donde partí.

No llores más, dame la mano contáme tu suerte,

de esta manera quizás no sea la muerte,

la que nos logre apagar el dolor…

La Renga





En la eternidad los dos unieron sus almas,

para darle vida a esta triste canción de amor …

El Tri




H O Y 

Llegó el tiempo del azul más limpio, de la brisa que refresca, el tiempo en el que el sol ilumina cada hoja de los árboles y acentúa los hermosos colores de las flores y todo parece nuevo; el tiempo en que las nubes brillan por su ausencia y los rayos del sol caen directamente sobre los hombres y sobre la tierra. El hombre acude a la sombra de un árbol… y la tierra pide ayuda para que la vida que guarda florezca; y como llueve poco en estos días, las acequias que cruzan La Finca desviarán su curso normal para regar los campos y mover un poco la tierra y las piedras, impregnándolo todo, revitalizando lo profundo, descubriendo tesoros ocultos…


El lugar se llama Esperanza y en verdad, pocos nombres tan apropiados, ya que la paz que se siente y la rebosante belleza natural que los ojos no dejan de contemplar dan la sensación de estar en un mundo aparte, donde los sueños pueden hacerse realidad sólo deseándolo ó donde el tiempo se midiera libremente, avanzando o retrocediendo a su antojo. Además del perfil fantástico de las montañas, de los atardeceres azules y naranja del verano, de las noches despejadas repletas de estrellas, las piedras abundan en formas, tamaños… y cosas por decir.

Una de esas mensajeras es una piedra enorme que está en el límite de La Finca, donde el terreno desciende hacia la Quebrada principal que abastece el pueblo; la roca es bien grande, con un lado aplanado que mira al precipicio y en el cual una verde capa de musgo, restos de hojas y ramas de árboles, protege unas inscripciones que ocupan toda esa cara de la piedra… parecen un plano  y retan al observador más curioso y soñador a que se pregunte: ¿quién las hizo?, ¿con qué propósito?


El riego del terreno en verano arrastra la tierra y desvela hallazgos como hachas de piedra gris oscura, tan pulida que parece lista para estrenar; pedazos de vasijas en los que se alcanza a apreciar el dibujo que decoraba la pieza y ollas pequeñas con figuras en relieve como la de un mono.


Cerca al semillero de café se encontró un proyectil  redondo y pequeño, quizá de la época en que esta tierra insistía en defender su libertad… y donde cavaron para construir la piscina, surgieron un par de cabezas que sorprendían por sus rasgos desbordados…eran de la Gente del Mar.


Esos tesoros incompletos son huellas vivas que el tiempo, travieso como un Uati,  ha preservado de las fuerzas de la naturaleza para que hoy dejen el escondite protector, emerjan de la Madre Tierra, y tiendan un puente entre las épocas, para que se abran las puertas de los saberes y así revitalizar el Ciclo de la Vida.

Por el asombro del descubrimiento se acepta el reto de recorrer el camino para acercarse a los que estuvieron antes, quiénes sin importar las distancias o el lugar de origen volvieron único cada acto de su cotidianidad, incluso de su enfermedad, expresando su ser y su sentir como testimonio que celebra la vida compartiendo, luchando e incluso sufriendo. El viaje del que se iba  continuaba en otra parte y por eso lo aprovisionaban con todo lo que pudiera necesitar para seguir su camino.





A Y E R

Le gustaba acompañar al tío Mindo cuando viajaba porque siempre le contaba historias, le enseñaba los nombres de los árboles y las plantas; Ducho aprendía a conocer a su pueblo, a sentirse orgulloso de La Montaña Grandemochila  que ya se llenaba de tantas hojas que había ido guardando porque allá, de donde venían, no había de éstas.  



En la noche casi no podía dormir emocionado por el brillo de tantas estrellas, de  colores que sólo descubría si las quedaba mirando fijamente… soñaba con los ojos abiertos: era un pez que nadaba en el río, o un pájaro que danzaba en el aire y se recostaba en las nubes, que se divertía meciéndose en las ramas de los árboles…  Sus ojos recorrían la extensión de los valles, se sobresaltaban por el frío de los ríos, escalaban  la altura de la montaña… Como si pudiera Ser y Hacer, lo que quisiera. Estaban pasando muchas cosas y eso que apenas empezaba su vida… El tío había insistido para que lo acompañara al encuentro con la Gente del Mar y aunque su Maestro Brano habría preferido tenerlo cerca porque hacía tiempo no tenía un aprendiz tan hábil y dispuesto para el saber -al que no le importaba dedicar el tiempo que fuera necesario para lograr una pieza perfecta y que además tenía buen carácter-; sabía muy bien que durante el viaje no dejaría de interesarse por las personas y lugares nuevos, que su curiosidad natural sería de mucho provecho y triunfaría, aún sobre el cansancio del recorrido.



Y por fin, el mar… Ducho quería ver donde empezaba o donde terminaba, pero los ojos no alcanzaban y no importaba porque la sensación que lo invadía superaba cualquier otra cosa; su tío y los demás recordaban lo que sintieron cuando lo vieron por primera vez y por eso esperaron sonrientes para que él, a su vez, disfrutara a plenitud ese primer encuentro.



Luego vio al tío Mindo en plena labor, cuando, a la cabeza de los suyos se sentó con Los del Mar, a quiénes expresó el Saludo desde la distancia y el Deseo de bien estar para todos de parte de Su Señor. Posteriormente se dispusieron a conversar  sobre lo acontecido desde la última vez que se reunieron:  para los anfitriones el tiempo de las lluvias fue el peor que recordaban ya que el mar se había puesto violento, amenazándolos a ellos y a sus tierras; por su parte, los visitantes comentaron el buen resultado de las terrazas para el cultivo y cómo, si las cosas seguían bien, podrían asegurarse reservas de alimentos para los tiempos por venir.



Los viajeros tenían encargo muy preciso del Nuevo Señor, quien en su intención permanente de distinguirse quería para sí objetos únicos que resaltaran su importancia, que con sólo verlos le hicieran saber a los demás que el hombre que los llevaba era El Principal.



Mientras seguían dialogando los encargados de negociar y mantener las buenas relaciones, Ducho, El Joven Aprendiz  se paseaba entre la gente oyéndola y observando algunos rostros que se destacaban entre los demás porque expresaban dolor, enfermedad y…valentía.  Quienes los rodeaban se les acercaban más aún y los veían con admiración, porque eran diferentes, especiales…



Ahora regresaban al valle y al principio Ducho casi no hablaba de tanto recordar cómo se había divertido jugando en el mar, el sabor salado del agua, el pescado delicioso que les brindaron, la gran habilidad de Los del mar para hacer figuras de hombres y animales, ¡lo que hacían con el metal!… ya le contaría a su maestro lo que había visto, ¡qué bueno que su tío insistiera tanto en que fuera, estaba contentísimo!.



Ya en su casa y mientras les contaba a su papás y a su hermana como había sido el viaje, sacaba con cuidado de sus mochilas las hojas, las conchas que le había regalado el mar, los palos de durísima madera rayada que había conseguido, las pepitas de colores que había envuelto en hojas para que no mancharan la bolsa que le había hecho su madre en el telar… Quería hacerle una estera nueva y las hojas que escogió eran largas, fuertes y suaves, de modo que podría trabajarlas sin temor a que se rompieran.



Al día siguiente fue a saludar a Brano y en el camino, vio una estrella en pleno día… Así lo recordó siempre para referirse a la primera vez que la vio…Ella era tan bonita, con esa sonrisa que le llegaba a los ojos, el pelo largo y brillante desordenado por el viento, con su vestido angosto y sencillo hasta la rodilla y una gran vasija afirmada en la espalda. La Estrella lo saludó con un gesto y continuó su camino seguida de la mirada interrogante del Aprendiz, hasta que la perdió de vista.



Llegó al taller y el Maestro Artesano se alegró de tenerlo de regreso, pero no le pasó inadvertido ese aire distraído de estar, pero no del todo…averiguaría que era lo que pasaba porque algo era cierto: era su mejor alumno y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para que lo aprendiera todo y llegara a ser el más prominente de los Especialistas entre los suyos.



El Maestro interrogó al Aprendiz para que olvidara su distracción y le relatara su experiencia como parte del grupo acompañante de los Los Mindalaes que compartieron con La Gente del Mar. El Joven le contó complacido de la sorprendente facilidad con la que ellos fabricaban figuras de hombres y animales en piedra, cómo modelaban en arcilla… de las formas en que trabajaban el metal golpeándolo, uniéndolo con calor a otros, labrándolo…



Expresó su admiración por los dibujos que algunos tenían en el cuerpo y cómo le habían explicado que para que se vieran así de parejos los hacían con unos rodillos en piedra que tenían grabadas las figuras que querían y después de untarlos en tinte vegetal recorrían el cuerpo, decorándolo. Sonreía al recordar los juguetones de cola larga que se columpiaban en las ramas de los árboles, las aves de grandes alas que hacían figuras en el cielo y que al descender en picada al mar, cuando parecía que se perderían en la espumosa cresta de las olas, apenas rozaban la superficie en su afán de refrescar las plumas.



Ducho susurró como para que nadie más oyera, que había unas personas enfermas a las cuales el dolor había transformado el rostro, que inicialmente intimidaban aunque no por mucho tiempo porque en su mirada brillaba la luz de una fuerza interior de la que era imposible alejarse. El Maestro lo miraba satisfecho, no sólo por lo detallado de su relato sino porque lo veía entusiasmado después de la novedad del viaje y con ganas de seguir aprendiendo y quizá, poner en práctica lo que había visto.



Salieron juntos para ver los preparativos de la Celebración del Sol Nuevo, cuando las lluvias se toman un descanso y el viento se lleva las nubes para dejar Al Padre como único dueño del azul celeste; por ello todos honrarían al Nuevo Cacique expresándole su respeto y confianza con una ceremonia llena de música y ofrendas y manifestaría el agradecimiento y fervor permanente a la Madre Tierra, a las fuerzas de la Naturaleza, a las Noches Brillantes, a la Fuerza Invisible de los Vientos.



Los músicos con sus maracas de burro, cascabeles, ocarinas, silbatos y flautas, los Sembradores escogiendo lo mejor de las cosechas y las flores más vistosas para los arcos que adornarían el camino del Nuevo Señor hasta las faldas de La Gran Montaña, los tejedores sin dejar descansar sus telares de chonta para que todos lucieran sus mejores galas y los Artesanos con Brano a la cabeza ofreciendo Al Principal  lo más delicado y elaborado de su trabajo, principalmente las hermosas piezas que brillaban como el sudor del sol y las lágrimas de la luna, representaban esa alegría bulliciosa y trabajadora donde cada uno hacía su labor impecablemente, para que La Celebración rindiera tributo a la vida, a compartir el orgullo de estar juntos, de Ser Uno.



El pueblo del Valle sentía que era parte de la naturaleza que le rodeaba: hacía suya la fortaleza con que el árbol elevaba sus ramas y la constancia de la planta que quería crecer en el suelo que la había acogido, agradecía el sol y la lluvia, aprovechaba cada nuevo día desde sus primeras horas. Tenía tan clara la importancia de los animales que servían de alimento, o que con su fuerza ayudaban a trabajar la tierra, o de aquellos que brindaban la delicada fortaleza de su pelo para elaborar los textiles más novedosos de la zona, que no dudó en representarlos en los objetos que se utilizaban normalmente en la casa o en ceremonias especiales.



Sembrar la tierra y el uso de las terrazas de cultivo les habían permitido aumentar sus reservas alimenticias; intercambiar con personas de lugares lejanos, crear maravillas en el telar, elaborar hermosos objetos sometiendo materiales rebeldes por su dureza y luchando con la fragilidad aparente de otros era una sensación vital que impulsaba a los jóvenes creadores, bajo la guía de Pacientes Sabedores entre los suyos, para ir progresando en Su hacer y cada logro, incluso cada error, era un paso más para sentirse parte del grupo en el que todos aquellos que hacían lo que mejor sabían se ganaban su lugar, además del respeto y admiración de los demás. Era un Grupo unido que se apoyaba mutuamente, donde la realización de tareas estaba definida y donde no era extraño que surgieran espontánea y naturalmente, lazos de afecto.



Llegó la Celebración del Sol Nuevo y la vida podía oírse en la música y olerse en las flores, el pueblo entero y los visitantes de lugares cercanos se iban reuniendo para ver el resultado de todo lo que habían preparado y saludar juntos al Principal, todos querían conocer al Nuevo Cacique y su familia y a quienes le rodearían de ahora en adelante… y Ducho vio de nuevo a la Estrella que lo había deslumbrado en pleno día y que ahora le sonreía desde lejos… él correspondió a su gesto y de ese modo siguió tejiéndose sutilmente el lazo entre El Joven Aprendiz y La Estrella al servicio del Nuevo Señor. 


Por su parte El Maestro Artesano Brano confirmó su inquietud inicial acerca de la distracción que podía alejar al muchacho del camino que había planeado para él… obraría con cuidado, porque ese talento no podía perderse…



La Celebración se recordaría por mucho tiempo: para El Nuevo Señor y Los Suyos, el tributo del pueblo y la gente de los alrededores fue extraordinario, con la ofrenda de los artesanos que incluía un manto largo y oscuro donde resaltaban las aplicaciones para textil que habían sido cocidas al pecho, las muñequeras gruesas de oro, los adornos en las orejas, la diadema que semejaba un penacho sujeto a la cabeza con un fino cinto tejido, la nariguera que daba al rostro una expresión de incomparable majestad, el collar de caracoles y conchas que El Principal había encargado especialmente a Mindo, las relucientes lanzas de chonta, las hermosas vasijas ceremoniales, los fantásticos discos giratorios… Para los habitantes del Valle y sus vecinos, disfrutar juntos de una Celebración en la que habían tomado parte fortalecía el sentido de unidad que los acercaba, aunque las distancias los separaran… Para Ducho y Estrella el Sol Nuevo iluminaría su camino juntos, aún en la oscuridad brillante de la Noche…



Hasta hacía muy poco, el interés principal del Muchacho era ayudar a su padre en la siembra e ir al taller de su maestro porque cada día le enseñaba algo nuevo y el resultado le sorprendía incluso a él cuando su creatividad se armaba de punzones, buriles y martillos y bajo sus manos curiosas el sudor del sol brillaba en pectorales, colgantes de oreja, las narigueras más feroces y los cascabeles más sonoros; ahora su mente se distraía por momentos pensando en lo linda que era Ella, en lo que estaría haciendo…y si podría verla de nuevo.. Y el lazo seguía tejiéndose con hilos invisibles…



La Casa del Principal bullía de actividad y no era para menos…por un lado los visitantes que aparte de saludarlo venían a exponerle los asuntos de sus comunidades, que eran tributarias y por ello merecían ser escuchadas; de la misma manera  los asuntos del Valle requerían su atención de modo que fue asumiendo el peso de sus obligaciones y sintió que todas las exigencias correspondían a su importancia, que el pasado de su familia le obligaba a ser el más justo y notable de Los Principales… no era una tarea fácil pero estaba más que dispuesto a superar sus propios límites.



Las personas que trabajaban en La Casa tenían mucho quehacer con los visitantes y las labores domésticas en general, y por eso era necesario contar con servidores eficientes y rápidos; Estrella era parte del servicio cercano a La Señora de la casa y estaba disponible para lo que ella necesitara, como pelo de llama para una túnica nueva, que ordenó a  la muchacha traer del mercado. Además le encargó pedir a Brano que la visitara, ya que quería ponerse al tanto del trabajo de los Jóvenes Creadores… aún las manos ajenas ayudaban a tejer…



Cuando llegó al taller estaba cansada por el peso del encargo que traía y mientras Ducho dejó su lugar de trabajo para saludarla y ofrecerle algo de tomar, Brano,  receloso y atento, fue informado acerca de la intención de la Señora, lo que le agradó al punto de ser más amable con la mensajera y responder a través de ella que visitaría La Casa al día siguiente; el interés y apoyo de Los señores fortalecería aun más la tarea de guiar a los Jóvenes, para la satisfacción y honra del grupo. Desde ese día, los hilos entre La Casa y El Taller se ajustaron mejor para urdir la trama perenne del amor… Y no podía ser de otra manera, porque él era el artesano más joven y diestro y ella, la servidora de confianza de La Señora.



Con el transcurrir del tiempo adquirieron más responsabilidades y asumieron la tarea de cumplir con los suyos, sin olvidar que querían ir juntos por el mismo camino. Compartieron la alegría de ser parte del crecimiento de su pueblo, ya que gracias a las terrazas de cultivo iban acumulando una apreciable reserva alimenticia y por eso, muchos quisieron aprender el oficio de artesano; el intercambio con pueblos lejanos seguía proporcionándoles los materiales necesarios para modelar los metales, labrar la piedra y tallar la madera, entre otras cosas.



Se enfrentaron a los días con una complicidad afectiva que los protegía de dudas y temores… No pensaron que algo pudiera perturbar ese júbilo vital que estaban compartiendo… Y fue la muerte de alguien muy cercano, la que recordó al muchacho que los tiempos se debían cumplir… En efecto, después de toda una vida al servicio de su gente como cabeza del grupo explorador de nuevos caminos para el intercambio, Mindo había fallecido. El muchacho sabía que esto era un paso más en el camino de las personas, pero la cercanía con su tío y todo lo que había aprendido de el, dificultaron que aceptara sin más su partida… Finalmente se homenajeó el paso del Mindala devolviendo a la tierra su cuerpo, que vestido con sus mejores  galas y acompañado de todos los elementos que poseía, estaba preparado para continuar su camino.



El sentimiento entre Ducho y Estrella siguió tejiéndose sin que eso afectara sus obligaciones en La Casa y El Taller, incluso después de unirse. Eran una joven pareja que disfrutaba cada oportunidad de aprender y ayudar además de expresar con sincera libertad, el sentimiento que compartían. Aceptaban sin rebelarse lo que les traía el día, y por eso la paz que inspiraba cada momento de sus vidas…



Tiempo después, estaba El Principal recordando aquel día de gran celebración, cuando decidió seguir la huella que habían dejado los suyos enfrentando las responsabilidades que eran propias de su alta dignidad; estaba satisfecho con lo que había logrado, pero era consciente de que el esfuerzo había ido lejos y su cuerpo acusaba el desgaste… Su familia estaba enterada de que le aquejaba un mal tan poderoso que a pesar de los esfuerzos porque recuperara la salud, su debilidad aumentaba y ya no le era posible seguir al frente de sus obligaciones… Por esta razón, dispuso sus postreras determinaciones…



Tales decisiones tocaron de lleno a Ducho y Estrella, porque ella era parte del servicio de la Señora y sabían que a la muerte del Principal, los servidores cercanos también debían acompañar, debían estar disponibles para sus Señores 



En un primer momento, se resistieron a la decisión que no podía cambiarse… hacía tan poco que estaban juntos aquí… pero sabían que las medidas de Los Principales  se acataban y que no era el final para ellos, era un paso en el que ella se le adelantaba para esperarlo y cuando llegara su momento, continuar juntos…



La ceremonia de despedida congregó a toda la comunidad que años atrás lo había honrado como nuevo Principal en torno a  la profunda tumba donde reposaría con sus acompañantes y todos los elementos que lo distinguían como El Señor , para que continuara en la otra vida el camino que había empezado en esta.



Entre los fastuosos adornos que acompañaban el cuerpo, se destacaba una lanza de chonta con incrustaciones de concha de mar y unas pepitas de colores que brillaban como si la luna llorara sobre ellas… la hizo Ducho para honrar al muerto y para que su Estrella no se sintiera sola, mientras lo esperaba…



QUINDE




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1 comentario:

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